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Cómo Iluminar Una Tienda De Productos Delicatessen

Cómo iluminar una tienda de productos delicatessen

Uno de los aspectos más obviados cuando se habla de la identidad visual de un negocio, es aquel que tiene que ver con la iluminación. La iluminación, en rigor, no es solamente la cantidad de luz que, permitiendo entrar en el ojo humano, disminuye o amplía la calidad visual de eso que se mira; es, también y ante todo, una manera de sumar o relativizar los colores. No en balde, el color negro no es descrito a priori como “color”, en tanto estos dependen de un dispositivo visual concreto, sino que se lo describe como “ausencia de luz”.

La luz involucra muchos criterios que pueden hacer sentir a tu huésped más o menos bienvenido. Y cuando se habla de una tienda con una rigurosa y muy autónoma identidad visual, como lo es un restaurante de delicatessen, este es uno de los criterios que cobran mayor protagonismo.

¿Qué hace a las delicatesses especial?

Las llamadas “delicatesses” constituyen un mercado extremadamente singular, que autonomizan por sobre lo demás a sus clientes y le dan contenido especial a todo lo que a ellas respecta: diseño, espacio de consumo, tipo de amoblado, colores y, como no podría ser de otra manera, también iluminación.

Es por ello que la apuesta por un mercado de delicatesses debe ser, ante todo, desafiante como lo es la misma idea de ofrecer este servicio. Además de amplios espacios para el consumo que respeten, ante todo, los deseos de privacidad de los clientes y eventualmente le den un buen trato en el local, es vital darle una atmósfera sosegada a nuestro espacio, porque es este el target al que está apuntándose.

Luz y seducción

La luz es una especie de “maquillaje” del producto que está ofertándose. La luz hará más o menos atractivo aquello que estamos ofreciendo en los vitrales exteriores donde el cliente se situará para decidir su menú, ya puestos a analizarlo de manera más íntima.

Es por ello que los espacios donde la comida se encontrará, deberían disponer de una iluminación bastante amplia, de colores amarillos o blanco pálidos -jamás magnéticos, neón o azulados-, pues este tipo de colores permiten ocultar ciertas imperfecciones que, si bien no tienen nada que ver con el sabor, es decir, realmente no afectan el producto que está consumiéndose, sí que le dan un aspecto de sensibilidad y armonía a la comida que la hará indudablemente más atractiva al cliente.

El restaurante debería disponer de tonalidades sobrias, también amarillentas y, cuanto más oscuras -en el sentido más amplio de la palabra- mejor. Las luces oscuras contribuyen a ensalzar aún más el ambiente seductor que el espacio deberá tener, y vienen bastante bien combinadas con colores violetas, morados o vinotintos.

Espacios, colores y juegos con la luz

Si las mesas tienen colores oscuros, un color amarillo ámbar para los espacios de consumo de alimentos viene bastante bien. La luz pálida y de color blanco puede aportar mucho en las zonas donde se pide la comida -fuera de las vidrieras, que ya fueron abordadas anteriormente-, porque suele contribuir a mejorar el bienestar del receptor a la hora de pedir bebidas, que es lo que usualmente se pide en barras.

Si a lo que apuestan los espacios es mayor dinamismo y jovialidad, se pueden situar lámparas con colores blancos en distintos extremos del espacio. Los restaurantes de delicatesses deben tener claro que, por muy dinámicos que quieran ser y muy simpáticos que prioritariamente deseen parecer, el target al que están dirigiéndose es extremadamente selecto y exigente, y lo más común es que esperen una amplia receptividad en este orden de ideas, selectividad que regularmente va demandada por aspectos sobrios y sin realces ni altos contrastes.

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