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Tu Escaparate, Tu Tarjeta

Tu escaparate, tu tarjeta

Los esfuerzos de algunos arquitectos técnicos por que el escaparate de cualquier establecimiento comercial no parezca un sin sentido empiezan a dar sus frutos. Es cada vez más frecuente que haya una continuidad de formas y colores. En general, se trata de seducir al viandante, de atraer al cliente de la manera más atractiva y a la vez más sencilla.

La tendencia actual es la de huir de una acumulación de elementos o productos. La teoría dice que el escaparate es el vendedor silencioso. Y debe serlo de verdad. Demasiada luz, demasiados elementos visuales, demasiados colores son, al fin y al cabo, ruido.

Es cuestión de armonía. Si el potencial cliente encuentra en él un lugar agradable donde desviar o centrar su mirada, habremos conseguido gran parte de nuestro objetivo. Lo atraemos, nos lo ganamos, lo conseguimos.

Para ello, además, existen una serie de técnicas para hacer aún más efectivo ese momento:

  • El llamado patrón interrumpido.- Repetir una serie de elementos visuales hasta que uno lo rompe y provoca un efecto llamada en el cliente.
  • Los contrastes de luz y color.- Provocan que el viandante distraiga su atención hacia nuestros productos. Es necesario romper, con armonía y seduccón, pero romper.
  • La identidad.- Debemos hacer marca desde el propio escaparate, montando espacios que vayan alineados gráfica y visualmente con el propio establecimiento y con la imagen corporativa del establecimiento. Todo debe ser un todo, y valga la redundancia.
  • Amplitud de visión.- Deberemos aumentar lo más posible el espacio de visión de aquel que lo contempla. Ampliando dicho ángulo de visión, conseguiremos que aumente la posibilidad de que el paseante se fije en nuestro producto…

… Y, sobre todo, la sensación de que no queremos vender… El escaparate debe seducir, debe invitar a la visita. Muchas veces nos empeñamos de hacer de él una acumulación indiscriminada de ofertas. Las rebajas son una buena excusa, y el precio también, pero lo más efectivo es despertar la curiosidad y agradar a los sentidos. Ahí está la clave.

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